viernes, 8 de junio de 2018

LA CAPILLA MAYOR Y EL RETABLO


El retablo mayor es barroco, de principios del siglo XVIII (de 1711 si tenemos  en cuenta la inscripción de la nave de la iglesia). Consta de predela, cuerpo tetrástilo central y un ático en forma de semicírculo que se adapta al marco de la capilla mayor. El cuerpo central está articulado por cuatro grandes columnas salomónicas que arrancan de ménsulas aveneradas las laterales, y de cabezas de querubines las centrales. Otras dos columnas más pequeñas, pero de la misma tipología que las anteriores, flanquean el nicho central. Cuatro más forman un templete rematado por una corona calada sobre el sagrario.











El cuerpo central se cierra en los laterales con un guardapolvo de rocalla. En el ático, los apoyos situados a los lados del relieve central son estípites, al igual que los que enmarcan las esculturas de las calles laterales. El tabernáculo es el original y todo el retablo se decora con motivos vegetales carnosos.



El cuerpo central se divide en tres calles, la central, ligeramente adelantada sobre las laterales. Cada una de las calles presenta una hornacina cobijada por arcos de medio punto, el central con casetones incluidos. Todas ellas muestran esculturas en bulto redondo. San Pedro en la calle del Evangelio y San Pablo en la parte de la Epístola. El patrón, San Cristóbal, preside la hornacina central.



Las esculturas de los tres santos siguen la tradición barroca castellana y no están exentas de originalidad y de calidad.



En el ático, rematado por un sol que rompe el frontón, el relieve central nos muestra el tema de la Presentación de la Virgen en el templo. A los lados, dos ángeles depie en bulto redondo coronan los netos de las columnas laterales.

El estilo general del retablo y de las propias piezas escultóricas nos recuerdan los talleres vallisoletanos de principios del XVIII.



En 1800-1801, Francisco y Manuel Mayorga hicieron una reparación en las columnas del tabernáculo. Como puede verse, la problemática en este espacio ha sido objeto de reparaciones desde antiguo.



El retablo mayor de la iglesia parroquial de Marzales, dedicado a San Cristóbal, es el prototípico del primer tercio del siglo XVIII en Castilla. Son retablos con resabios del barroco pleno (columnas salomónicas, los ángeles del ático) pero en los que la mazonería se hace protagonista. Nada queda sin decorar y sin dorar, incluidos los elementos de los fondos. Los motivos vegetales barrocos invaden todo en altorrelieve, creando juegos de luces y sombras tridimensionales. La escultura, y por ende la iconografía, protagonistas antaño, han quedado relegadas. Ya han desaparecido los grandes ciclos de santos y las escenas-relatos. A excepción de los dos ángeles, con un papel secundario, tan sólo tres esculturas, el titular (San Cristóbal), San Pedro y San Pablo, más el relieve del ático con una iconografía ya casi olvidada. Poquísimas tallas en bulto redondo, todavía con ecos fernandinos y protagonismo sin paliativos de lo puramente decorativo.


















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