El retablo mayor es
barroco, de principios del siglo XVIII (de 1711 si
tenemos en cuenta la inscripción de la
nave de la iglesia). Consta de predela, cuerpo tetrástilo central y un ático en
forma de semicírculo que se adapta al marco de la capilla mayor. El cuerpo
central está articulado por cuatro grandes columnas salomónicas que arrancan de
ménsulas aveneradas las laterales, y de cabezas de querubines las centrales.
Otras dos columnas más pequeñas, pero de la misma tipología que las anteriores,
flanquean el nicho central. Cuatro más forman un templete rematado por una
corona calada sobre el sagrario.
El cuerpo central se cierra en los laterales con un guardapolvo de rocalla. En el ático, los apoyos situados a los lados del relieve central son estípites, al igual que los que enmarcan las esculturas de las calles laterales. El tabernáculo es el original y todo el retablo se decora con motivos vegetales carnosos.
El cuerpo central se cierra en los laterales con un guardapolvo de rocalla. En el ático, los apoyos situados a los lados del relieve central son estípites, al igual que los que enmarcan las esculturas de las calles laterales. El tabernáculo es el original y todo el retablo se decora con motivos vegetales carnosos.
El cuerpo central se divide en tres
calles, la central, ligeramente adelantada sobre las laterales. Cada una de las
calles presenta una hornacina cobijada por arcos de medio punto, el central con
casetones incluidos. Todas ellas muestran esculturas en bulto redondo. San
Pedro en la calle del Evangelio y San Pablo en la parte de la Epístola. El
patrón, San Cristóbal, preside la hornacina central.
Las esculturas de los tres santos
siguen la tradición barroca castellana y no están exentas de originalidad y de
calidad.
En el ático, rematado por un sol que
rompe el frontón, el relieve central nos muestra el tema de la Presentación de la Virgen en el templo.
A los lados, dos ángeles depie en bulto redondo coronan los netos de las
columnas laterales.
El estilo general del retablo y de
las propias piezas escultóricas nos recuerdan los talleres vallisoletanos de
principios del XVIII.
En 1800-1801, Francisco y Manuel
Mayorga hicieron una reparación en las columnas del tabernáculo. Como puede
verse, la problemática en este espacio ha sido objeto de reparaciones desde
antiguo.
El retablo mayor de la iglesia
parroquial de Marzales, dedicado a San Cristóbal, es el prototípico del primer
tercio del siglo XVIII en Castilla. Son retablos con resabios del barroco pleno
(columnas salomónicas, los ángeles del ático) pero en los que la mazonería se
hace protagonista. Nada queda sin decorar y sin dorar, incluidos los elementos
de los fondos. Los motivos vegetales barrocos invaden todo en altorrelieve,
creando juegos de luces y sombras tridimensionales. La escultura, y por ende la
iconografía, protagonistas antaño, han quedado relegadas. Ya han desaparecido
los grandes ciclos de santos y las escenas-relatos. A excepción de los dos
ángeles, con un papel secundario, tan sólo tres esculturas, el titular (San
Cristóbal), San Pedro y San Pablo, más el relieve del ático con una iconografía
ya casi olvidada. Poquísimas tallas en bulto redondo, todavía con ecos
fernandinos y protagonismo sin paliativos de lo puramente decorativo.

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